Sufro de ansiedad y la maternidad no me alcanza para sortearla. Abro los ojos todos los días con un corazón galopante, una punzada en el estómago y con la sensación de que al momento de poner mis pies sobre el piso habré saltado a un abismo.

Cuando salto a ese abismo y antes de que pueda darme cuenta de que ya desperté, me atropellan pensamientos sobre lo que debo hacer ese día. En los pocos minutos de trayecto entre mi habitación y la cocina reviso en mi mente cada uno de los pendientes del día de forma frenética.

No olvidar llamar a fulano, no olvidar meditar, recuerda comer sano, Matías no alistó su lonchera ayer, tienes que lavar ropa, hoy tienes que ir al supermercado. Mi cabeza está llena de papelitos de post it que no puedo romper o botar a la basura.

Antes del desayuno ya he inventado varias historias de terror en mi cabeza o inventado las mil formas en que ese día puede salir mal. Cuando llego a la cocina, me horrorizo ante la idea de que mi hijo llegue tarde al colegio. No ha empezado el día y ya estoy tarde.

Despierto a mi hijo y no pueden imaginar lo que siento cuando dice: “¿por qué me despiertas tan temprano?, ¡otro ratico!” Por mi cuerpo sube una corriente de aire que me avisa que voy a explotar de coraje y el corazón galopante regresa.

Doy media vuelta por la habitación o la cocina intentando convencerme de que todo está bien y respirando para mis adentros. No, la estufa no te va a comer. No, tu hijo llegará a tiempo. No, tú no eres ansiosa. Demasiados No para ser las 7 de la mañana.

Así transcurren los días en que sufro de ansiedad, esos días en que ni la maternidad puede salvarme de ese monstruo que me hace ver todo más grande de lo que es.

Si tú eres como yo, te pido por favor que respires bien profundo, te sirvas un cafecito y me escuches. Este es un lugar seguro entre tu y yo.

Aquí te va una lista de todas esas cosas que, sin duda, pueden ayudarte a domar el monstruo y mandarlo a dormir.

  1. No sientas vergüenza y trátate suavemente. ¿Y qué si eres ansiosa? La etiqueta de “ansiosa” lejos de ser un lastre o un condicionamiento debe servirte de recordatorio. Cada vez que sientas el corazón galopante, sudores o cualquier otro síntoma, habla contigo misma. ¿Qué está pasando en este momento y qué puedo hacer para sentirme mejor?, ¿qué he dejado de hacer? Pero ¡ojo! No te juzgues.
  2. Crea rutinas de bienestar y pégate a ellas como un salvavidas.Haz una lista de todas las actividades de bienestar que puedes realizar sistemáticamente. La ansiedad es mejor prevenirla que tratarla.Empieza incorporando cada una de ellas en tu vida de forma progresiva. Por ejemplo, proponte meditar todos los días de marzo, hacer ejercicio en abril y comer sano en mayo. Hacerlo de esta manera evitará que sientas frustración muy pronto y termines abandonándolas.Si las haces todas al mismo tiempo y no logras cumplirlas, tendrás otro motivo para estar ansiosa.Pero si logras cumplir al menos una meta por mes, te sentirás orgullosa de ti misma y motivada para el siguiente reto.
  3. Está bien si no eres una mamá perfecta mientras estás ansiosa. Sentir ataques de ansiedad mientras cuidas a un pequeño al que amas pero no te sientes capaz de cuidar en ese momento, es como sentir cinco baldes de agua fría caerte encima sin que te puedas secar después o hacer algo para esquivarlos. Por eso, cuando veas venir la ansiedad crea un plan de contingencia que te evite estrés adicional o sentimientos de culpa. Por ejemplo, a mi me funciona prepararle el desayuno a mi hijo desde la noche anterior y dejarlo servido en la mesa del comedor. Si el se despierta antes y yo no me siento capaz de salir aún de la cama, por lo menos sé que mi hijo no está afuera muriéndose de hambre.Aprovecha la oportunidad para hablarle directamente a tu hijo (a) de la ansiedad si tiene la edad suficiente para entenderlo. Dile las cosas como son. Un simple “mami la está pasando mal en este momento y me ayudaría mucho que jugaras callado y siguieras mis instrucciones” dicho con amor puede hacer una gran diferencia.
  4. Habla claro con tus seres queridos. Es muy común que durante episodios de ansiedad estés altamente irritable, sensible o que quieras estar sola. Ante esto, muchos familiares podrán decirte que “eres una histérica”, “rara” o “que estás en tus días”.Déjalos que digan lo que quieran. La realidad es que solo entre ansiosos nos entendemos.No pretendas cambiarlos ni entres en conflicto.Simplemente di “no soy histérica, no estoy en mis días, estoy sufriendo un ataque de ansiedad y te agradecería que por ahora limitáramos el contacto. Te aseguro que no es nada personal contigo. Ya se me pasará”.
  5. Evita saturar tu agenda. Los ansiosos somos malos para la sobreestimulación y hasta el detalle más pequeño puede convertirse en un “trigger”. Si ya sabes que estás en días de ansiedad, haz planes suaves como ver películas entre las cobijas o leer con tu hijo. Está bien si hoy no vas a esa fiesta que estará llena de gente y te hará sentir ansiedad social.Si estás con un niño pequeño, pídele que lleve sus juguetes a tu cama y convierte tu habitación en un playground. Leer, jugar con fichas de lego y colorear son algunas de las actividades que puedes hacer con tu pequeño (a) mientras pasa el “temblor”.
  6. Haz dieta mental. Quizás hoy no es el día para ver el noticiero con sus tragedias familiares, desastres naturales, accidentes o coyuntura política. Tampoco es el día para ver una película triste o de terror ni para saturarte con los problemas de los demás en Facebook.Limita tus redes sociales al máximo.Ya se sabe que estamos “infoxicados”, es decir, intoxicados con información, así que al menos por hoy desintoxícate.Aléjate también de los grupos de Whatsapp y evita a las personas tóxicas que te llenen de información “inflamable”.

No es una receta mágica, pero de que ayuda ayuda. Espero haberte sido útil y ya sabes, ¡no estás sola!

Y si quieres saber lo importante que es el papel de papá en la maternidad y para que tengas una razón menos para estar ansiosa, mira esta historia

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