Desde que era muy chiquita, a eso de los cinco años, tengo clarísimo que lo mío es escribir, por la misma época en que también supe que algún día sería mamá. Soñaba con ver mi nombre en artículos de prensa y en libros, hacer entrevistas y estar en una sala de redacción.

Por eso, sentí una emoción gigante la primera vez que vi mi firma en un artículo sobre gatos que salió publicado en un periódico de mi país. Fue un artículo bastante promedio, pero era el comienzo de un largo camino en el que ya llevo 10 años.

En ese camino, un día me picó el «bicho» de los blogs. Estaban de moda y yo tenía mucho por decir, siempre he sido un poco parlanchina. Sin embargo, hice caso omiso a esa llama que se encendía dentro de mi y seguí con mi vida. Pero, por alguna extraña razón, siempre alguien mencionaba el tema o leía algún blog de una amiga y sentía rabia, básicamente contra mi misma por no tener el coraje de arrancar y, como dice Nike, ¡Just do it!

Pero este año decidí tomar el toro por los cuernos y lanzarme al agua cuando conocí Mami needs a break, aún con miedo. Ese bendito miedo que nos dice todo el tiempo que no somos suficientes, que vamos a fallar o que a alguien no le vamos a gustar. Pero aquí estoy, lista para comenzar una nueva aventura hablando de mi experiencia con la maternidad que, en resumen, ha sido hermosa como dolorosa como agotadora como retadora.

Soy mamá de Matías desde hace seis años, mi maestro chiquito y único hijo. Con él, y mi esposo, nos trasladamos hace dos años a Miami desde Bogotá, capital de mi amada Colombia, donde nací, crecí y estudié periodismo.

Mi hijo es la persona más patriota que conozco. Le dice a todo el mundo, cada vez que puede, que es colombiano. Lo grita a los cuatros vientos. Se lo dice a la cajera de Publix, a sus maestras, a la señora de la fila, a los niños del parque, literalmente a todos, es la primera cosa que dice de él cuando conoce a alguien. Es muy chistoso pero eso lo hace único, entre muchas otras cosas.

Él es mi mayor inspiración en la vida, mi motor, mi polo a tierra, el que me recuerda que debo seguir mi camino aún estando deprimida, enferma o con cero ganas de pararme de la cama, cosa que ocurre con cierta frecuencia. Por eso, estaré por estos lados contándoles todo lo que aprendo de la vida siendo mamá, un título que, debo confesarlo, muchas veces me queda grande pero que trato de honrar haciendo mi mejor esfuerzo.

Un gran abrazo para todas las mamás que leen este blog, para la mamá novata que no sabe muy bien lo que hace (ya lo sabrás, créeme), para la que está pasando por un momento difícil y no tiene idea cómo lo resolverá, para la que le da miedo mostrarse vulnerable o pedir un consejo por miedo a que la juzguen, para la que es soltera, para la divorciada, para la mamá ‘hot mess’ o para la ejecutiva. Sepan que todas están haciendo lo mejor que pueden con lo que tienen.

¡Hasta entonces!

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