Ciertamente, la maternidad es resulta en una invitación a cambiar nuestras vidas. En mi caso particular, fue definitiva. Siento que soy una mejor persona desde que me convertí en madre.

Sin embargo, una vez que nos sentimos más confiadas en el camino de la maternidad, cambiar nos asusta un poco. Buscamos mantener una rutina con nuestros hijos, tanto para su paz mental como para la nuestra

Pero, ¿qué pasa cuándo cambiar es irremediable? ¿cuándo la situación se sale de nuestras manos y el cambio llega a nuestras vidas sin tocar la puerta? Como una especie de tornado (o huracán en el caso de las mamis de Florida ja, ja, ja… ¡chiste malo!)

A nosotros (Alana, mi esposo y a mí) nos pasó la semana pasada. Mi abuela (mi segunda mamá) sufrió un Accidente Cerebro Vascular (ACV) Hemorrágico en Venezuela. Mi abuelita tiene 93 años. Para mí fue una decisión sencilla: Voy a despedirme o a verla por este año (que igual teníamos pensado ir para visitar a los Bisabuelos).

De cualquier manera, yo estaba decidida: ¡CAMBIAR, CAMBIAR, CAMBIAR! Pero mi Alana Banana no tanto.

Primero, estaba emocionada en camino al aeropuerto, mas cuando vio que papá no venía con nosotras (en el puesto de seguridad), soltó el llanto. Le expliqué la situación y seguimos adelante. El resto del vuelo estuvo tranquilo.

Ya en Venezuela, cambiar fue su segundo nombre. Una casa que no conocía, nuevas caras (aunque familia, que no le resultaban tan familiares), un cuarto nuevo, en fin, un país nuevo que la rodeaba. La rutina dejó de ser su amiga.

Cada noche se levantó de madrugada para preguntarme por su papá (con quien hablaba todos los días, mañana, tarde y noche), por su casa, para saber cuándo volveríamos. La comida también cambió y con ella el estreñimiento llegó (algo nuevo para su día a día).

Cambiar una familia por otra. Aunque recibió tantas atenciones, cariño y gestos de ternura que creo que esta fue la parte del cambio que mejor se le dio.

Y siento que por más que yo tratara de seguirle la fiesta o evitarle el estrés del cambio, al final el camino que mejor nos funcionó a ambas fue el acompañamiento. Como una meditación consciente. Lo dejamos fluir (aún a las 3 AM) porque era una situación puntual (no como las batallas para dormir), aunque debo confesarles que el descanso es el mejor amigo de mi paciencia.

Porque más que enseñarle si CAMBIAR ES BUENO O MALO, me interesa que aprenda a MANEJAR SUS EMOCIONES FRENTE AL CAMBIO y a mantenerse CONECTADA CONSIGO MISMA frente a él. 

¡Feliz Miercoles a todas mis mamis maravillosas!

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