Cuando decidí ser psicóloga tenía 16 años, quizás 15.  Lo menos que me imagine es que buscaría cambiar de profesión después de los treinta .


Nunca me había puesto a pensar en lo joven que era para decidir que quería hacer con mi vida. 


Pero era lo esperado cultural y socialmente, graduarse del colegio y tener que entrar a la universidad casi inmediatamente, estudiar aquello que en teoría harás toda tu vida. sin pensarlo mucho, con pasión y entrega. 


Ahora a los treinta y pocos pienso ¿qué tipo de decisiones tomamos y hacemos tomar desde tan jóvenes? 


Desde pequeña yo lo único que sabía era que no quería ser médico, por nada del mundo. Y todo el mundo lo asumía porque mi papá es médico que era mi camino a seguir.

Mi respuesta desde que tengo uso de razón era ni loca estudio medicina.


Mi percepción de la medicina era alguien que nunca estaba en casa, que tenía que trabajar mucho y tenía que ver sangre. Ya con esto último era más que obvio que nunca me podría dedicar a eso, yo estoy segura que soy casi que alérgica  a ver la sangre. 


Solo de imaginar la sangre se me baja la tensión. 


Por un tiempo, quise estudiar odontología, solo porque mi tía era odontóloga, era super cool y mi referencia de chica joven y divertida, yo quería ser como ella 🙂


Pero cuando tenía 15 años vivía y estudiaba en Estados Unidos, hice una prueba de orientación laboral y el resultado era carreras que se dedicaran a ayudar a otros. 


Y allí lo tuve claro, eso era algo que me gustaba, busque un libro y alguna de las opciones era psicología y listo. Así fue como tomé una de las decisiones más importantes de mi vida. 

¿Qué locura no?


Creo que tuve suerte, porque de verdad me gustó la carrera, porque me gustó trabajar como psicóloga, y porque de verdad disfruto poder ayudar a otros. 


Por eso también escribo un blog, porque de cierta manera, me quedo conectada a esa sensación de poder ayudar a otros a través de lo que pienso, siento, vivo y escribo. 


Pero ahora, a los treinta y luego de emigrar de mi país, luego de no poder trabajar en lo mío, luego de luchar con encontrar un trabajo que me permita cuidar a mis hijos, porque aquí no tengo mucha gente que me pueda ayudar con horarios escolares. 


Así que en mi mente se grabó la idea de hacer otra cosa. 

Pero pensar en cambiar de profesión después de los treinta no es tan fácil como parece.


En palabras de mi gordito ‘busca hacer algo que te apasione y te haga feliz, y que no pienses que es trabajo’ no importa lo que sea. 


Tres años he pasado buscando que podría ser, en que soy buena, que me gustaría y en esa búsqueda he reencontrado mi antigua pasión. 


La fotografía siempre ha sido parte de mi vida, la primera vez que salí del país fue lo que acompaño en momentos de soledad. 


Y ahora me vuelve a acompañar, esta vez, de manera más madura. 
Esta vez, estudiando, formándome, practicando, creciendo, y con un plan en mente. 


Cambiar de profesión, carrera, oficio, nunca es fácil, es una sensación de tener que comenzar, de no saber como, de sentir que no siempre se tiene las competencias necesarias. 


Pero buscar dentro de ti la seguridad y confianza para hacer lo que te hace sentir feliz y en paz es muy necesario en esta vida. 


Todavía estoy aprendiendo de este proceso

¿tienes alguna recomendación para mí?

Besos y amapuches

Maihum

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