Les ha pasado que se están cambiando de ropa tranquilamente en su recámara, entra la hija y les dice “¿mami, porqué estás gorda?” A mi me ha pasado varias veces y con las dos Mamarritos.

Las primeras veces me ardí muchísimo, incluso me enojé y les pedí que se salieran y me dieran privacidad, aunque realmente lo que quería era que me dejaran de ver y dejaran en paz mis carnes!

La realidad es que hoy a mis 37 años, estoy panzona, por fortuna mis boobs siguen en su lugar y tengo muy poca celulitis. Pero claro que me gustaría que algunas partes de mi cuerpo fueran distintas…

Después de inhalar y exhalar muchas veces… me cayó el veinte que detrás de esos momentos incómodos, que sé perfectamente que ellas no lo hacen con el afán de lastimarme, aunque duele más que las cortadas que me he acomodado en la cocina, esa incomodidad que he sentido tantas veces por mi cuerpo, mucho tiene que ver con los patrones sociales de “un buen cuerpo” “estar sano o fit” y mil adjetivos calificativos, fotos, artículos, libros y demás, que lo único que logran es bajonearnos, o por lo menos a mi y aspirar a una “felicidad” que hoy, para mi, quedó atrás…

Después de mucho trabajo personal con mi adorado Nirdosh, Journeys (vayan a Sanarte), dietas interminables, tonterías como tomar anfetaminas, hacer ayuno, probar cuanto producto milagroso para bajar de peso y todo, literal todo, lo que se puedan imaginar… hace unos meses, decidí reconciliarme con la báscula, pero sobre todo conmigo y con mi cuerpo, que hoy, amo.

Decidí poner en la balanza seguir luchando contra lo que hay, contra mi complexión, contra 28 años de lucha constante por tener un cuerpo que jamás existió, empecé a observar lo hermoso que es mi cuerpo como es hoy, con todo lo que tiene y lo que le falta. Decidí amarme profundamente, y los cambios han ido más a allá de kilos menos.

Hoy hago ejercicio porque quiero y hago lo que me gusta, dejé de hacer rutinas para bajar de peso y empecé a disfrutar los beneficios que tiene moverme, sudar y no poder moverle al día siguiente.

Empecé a comer muy sano, dejé de contar calorías y lo cambié por contar colores. Píquenle aquí y no me dejarán mentir!

Dejé de comer con culpa y gozo cada bocado.

Hoy cuido mi salud y no mi peso, y sabes qué? Soy mucho más feliz!

Además soy ejemplo de dos niñas que, espero, jamás sufran de todos los adjetivos que yo me tuve que tragar, literal, y que hoy cargo con ellos.

Yo quiero criar a dos mujeres libres de complejos, que por encima de la forma esté siempre el contenido. Que amen a su cuerpo por todo lo que hace por ellas, tal y cómo es. Y qué hacer para lograrlo? Pienso que siempre, se predica con el ejemplo, así que decidí y estoy haciendo:

  • Dejé de hablar mal de mi panza, los cachetes, los muslos y cuanta parte de este cuerpecito seductor me molestaba.
  • Empecé a verme más al espejo y observarme con amor, y mis niñas al verme hacerlo, empezaron a hacerlo también.
  • Me quité los trapos de encima y hoy camino feliz en traje de baño.
  • Cuando se me antoja algo me lo como, lo gozo y le tomo foto, como buena blogger.
  • Acordamos el Babe y yo nunca, jamás decir frente a las Mamarritos “estoy gordo/a”, “fulanito engordó” “ve a ese gordo” ” bajó de peso y se ve espectacular!” “ya, mañana empiezo la dieta” “eso engorda muchísimo” y podría seguir escribiendo frases…
  • Comentar que todo lo que comemos es saludable, y si se nos antoja, nos hace bien, esto con la intención de dejar atrás las culpas que nos genera comer.
  • Ya con los medios de comunicación, las revistas, las series y cuanto se transmite, es suficiente, si encima en casa reprobamos nuestros cuerpos, estamos fritos!
  • Sí, tengo varios kilos extras, pero ya no me importan, hoy lo que sí me importa es ser feliz, estar sana, nutrir mi cuerpo y mi espíritu, y los kilos? Si se quieren ir, se irán, y si no, que se queden, seguramente les caigo tan bien que por eso no me dejan.

    Hoy mis niñas saben que por el simple hecho de que somos únicos y que no hay nadie en el mundo igual a nosotros, somos hermosos y perfectamente imperfectos.

    Con amor,

    Gina

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